La Organización Mundial de la Salud considera que un bebé prematuro es aquel que nace antes de las 37 semanas de embarazo o con un peso inferior a los 2.500 gramos.
Según lo temprano que nazca un bebé, puede ser: prematuro tardío (entre la semana 34 y la semana 36), prematuro moderado (entre la semana 32 y la semana 34), muy prematuro (antes de la semana 32 semana de embarazo) o prematuro extremo (antes de las 25 semanas de embarazo).
No todos los bebés prematuros tienen complicaciones. No obstante, al nacer antes de tiempo, no están totalmente preparados para
la vida extrauterina. Pueden padecer complicaciones cardíacas, retinopatía, afectación al neurodesarrollo, etc. Algunas
de las complicaciones que presentan con más frecuencia son: un mal control de los niveles de glucosa en sangre, anemia,
ictericia, infecciones, insuficiencia respiratoria, hemorragia cerebral o daño en la sustancia blanca cerebral, persistencia
del conducto arterioso, apneas o inflamación intestinal grave.
Estas dificultades suelen plantear grandes retos a los neonatólogos. Los objetivos principales de estos profesionales
son reducir la mortalidad en los límites de viabilidad del bebé y conseguir integrar a la familia en el tratamiento del recién nacido.