Solemos considerar que nuestra respiración y nuestra salud respiratoria es algo concedido. Sin embargo, el pulmón es un órgano
vital vulnerable a sufrir infecciones y lesiones. Estas alteraciones le impiden trabajar apropiadamente y esto repercute de
manera directa en la calidad de vida de las personas y de los que están a su alrededor [1]
Estas son algunas de las limitaciones que sufren las personas que viven con una enfermedad respiratoria crónica. Hablamos de asma,
de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y de la fibrosis quística. Estas enfermedades se caracterizan entre otras
cuestiones por una reducción en el flujo respiratorio. De ahí que los expertos señalen que constituyen un importante problema de salud pública a nivel mundial.
Las enfermedades respiratorias son las principales causas de muerte y discapacidad en el mundo. Según estimaciones de la
OMS (2004), hay unos 235 millones de personas que padecen asma y 64 millones que sufren enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)[1].
En España, las enfermedades respiratorias ocupan el tercer lugar entre las dolencias más mortales. Según los datos del Instituto
Nacional de Estadística (INE), en 2016 se produjeron 46.812 muertes por enfermedades pulmonares, lo que supone un 11,4% del total
de defunciones registradas anualmente en la geografía española.